Detrás del mostrador de un puesto de cupones en el Centro Comercial Rosaleda de Málaga trabaja, desde hace décadas, una campeona. Sonia Rivero, de 45 años, acaba de conseguir la medalla de bronce individual en el Mundial de tiro para deportistas con discapacidad visual, celebrado en septiembre en Changwon (Corea del Sur), en la modalidad de carabina de pie a 10 metros, categoría VIS.
Disparar sin ver: cómo funciona
El tiro para deportistas con discapacidad visual tiene una particularidad que sorprende al público: no se apunta con los ojos. Los competidores utilizan una mira especial que emite sonidos, de modo que la puntería se guía a través del oído. En la modalidad compiten tiradores con deficiencia visual y ciegos totales, con antifaz y gafas opacas para igualar las condiciones. «Apuntamos gracias al oído», resume la propia Rivero.
En este tipo de pruebas, la clasificación se decide a lo largo de 60 disparos en una hora y cuarto, y los ocho mejores tiradores pasan a la final por eliminación. Es un deporte que exige un control absoluto de la respiración, del pulso y de la concentración, en el que cada décima cuenta.
Una trayectoria de largo recorrido
Rivero está afiliada a la ONCE desde los ocho años y vende cupones desde 1998. Empezó en el tiro en 2001 y no tardó en destacar: fue campeona de Europa en 2002 y 2003. Después hizo un paréntesis por maternidad y regresó a la competición en 2017, ya como una veterana capaz de disputar los primeros puestos en citas internacionales.
Hoy compite con el Club de Tiro 9.10, y su bronce en Changwon es el último capítulo de una carrera que combina el esfuerzo cotidiano de su trabajo con la exigencia de la alta competición. La malagueña simboliza una forma de deporte discreta, de entrenamiento constante y de resultados que a menudo pasan desapercibidos para el gran público.
La espina de no ser paralímpico
Rivero lamenta que su modalidad no esté incluida en el programa paralímpico. A su juicio, si lo estuviera, los deportistas españoles tendrían muchas oportunidades de optar a medalla. No ha especificado planes concretos en este sentido, pero su reivindicación pone de relieve una realidad que afecta a numerosas disciplinas adaptadas: el Mundial es el techo de la competición, sin el escaparate de los Juegos.
Dos vidas en una
La historia de Rivero se mueve entre dos escenarios muy distintos: el trabajo diario cara al público, vendiendo cupones de la ONCE en un centro comercial de la capital, y los entrenamientos y competiciones de tiro, que exigen horas de práctica y una preparación mental muy específica. Compatibilizar ambos mundos, además de la maternidad, da idea del esfuerzo que hay detrás de una medalla mundial.
Un orgullo para Málaga
Su caso ilustra el talento oculto del deporte malagueño. Entre quienes pasan a diario por el centro comercial a comprar un cupón hay una campeona de Europa y medallista mundial que sigue poniendo el mismo empeño en su trabajo y en el campo de tiro. La medalla de Changwon es un reconocimiento a esa constancia.
Desde Málaga Es De Primera queremos felicitar a Sonia Rivero por un éxito que reivindica un deporte inclusivo y exigente, y que demuestra que el talento puede llegar a lo más alto aunque falten los focos.
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Por Redacción Málaga Es De Primera · Málaga
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